Solo
un 4% utiliza en clase el ordenador una hora cada siete días
Es innegable que las tecnologías digitales forman parte indisociable del
paisaje escolar: el 93% de los alumnos de 15 años de la OCDE asisten a una
escuela en la que cuentan con acceso a un ordenador y prácticamente el mismo
porcentaje (92,6%) dispone igualmente de acceso a Internet. España se
encuentra, en este sentido, ligeramente por debajo de la media (90%), pero
ciertamente con una cifra nada despreciable.
Pese a todo, cuando se examinan con detalle los datos acerca de los usos
escolares de la tecnología emerge una imagen extremadamente compleja. Por una parte,
el porcentaje de alumnos de 15 años de edad en los países de la OCDE que usa
como mínimo 60 minutos a la semana el ordenador en el aula es siempre inferior
al 4% en todos ellos y apenas alcanza el 1,7% en el caso del área de
matemáticas. Y son estos mismos alumnos los que, en un 50%, utilizan
prácticamente a diario la tecnología para realizar sus tareas escolares... en
casa. Por otra parte, más del 75% de los docentes utiliza casi diariamente el
ordenador para la preparación de sus clases o para la realización de tareas
administrativas, por no hablar de los usos privados, cuando apenas se sirve de
él en el aula.
Sin embargo, la complejidad de los datos exige una buena dosis de realismo:
lo que funciona en tecnología y educación son aquellas soluciones que permiten
llevar a cabo el trabajo escolar de forma más eficiente. Esto explica por qué,
por ejemplo, los alumnos utilizan masivamente la tecnología para sus trabajos
escolares, aunque siendo, como muchos son, huérfanos digitales de cualquier
tipo de influencia educativa sobre esta materia, confundan eficiencia con
plagio o prescindan de cualquier esfuerzo de procesamiento crítico de la
información -razón de más para insistir de nuevo en la importancia de la
escuela en este ámbito-.
Y esta misma búsqueda de la eficiencia explica también por qué los docentes
encuentran óptimas las soluciones que la tecnología les ofrece para preparar
sus clases o presentar mejor los contenidos en el aula, pero no todavía para
cambiar sus formas de enseñanza. Muy probablemente las soluciones tecnológicas
que se proponen no son suficientemente convincentes para la gran mayoría de
"docentes como yo", probablemente porque el esfuerzo que exige su
adopción no parece suficientemente recompensado, ni por el sistema en forma de
incentivos para la carrera profesional, ni por los resultados obtenidos, ya que
la forma y los contenidos de lo que hoy se evalúa no se corresponden todavía
con las expectativas y las necesidades de la sociedad y de la economía del
conocimiento.
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